Los padres perfectos sí existen: ¡pero en los avisos publicitarios! En la vida real, los padres de carne y hueso son todo menos perfectos. A veces levantan la voz o están desanimados y desinteresados, quieren que todos (incluso los niños o especialmente los niños) desaparezcan de su vista, están inseguros, impacientes, exhaustos, algunas veces incluso golpean a los niños, otras veces no idea de qué hacer… Todo eso y mucho más.